1. El ancho del asiento
Es la medida más importante. La persona tiene que quedar cómoda, sin apretarse contra los apoyabrazos pero sin "bailar" en el asiento. La medida más común es 46 cm.
Para personas de contextura grande hay sillas reforzadas y para sobrepeso, con asiento más ancho y una estructura que soporta más peso.
2. Dónde se va a usar
- En casa con puertas angostas o en un apartamento: una silla más angosta pasa mejor por puertas y pasillos. Medí la puerta más angosta antes de elegir.
- Para salir a la calle seguido: ruedas traseras grandes, que pasan mejor los cordones y las veredas rotas.
- Para usar en el auto: una silla que se pliegue fácil o que se desarme, para que entre en el baúl.
3. Quién la mueve
Si la persona va a mover la silla sola, necesita ruedas traseras grandes con aros para empujar. Si siempre la va a empujar otra persona, una silla de traslado, más liviana y con ruedas más chicas, puede ser más práctica.
Para quien la empuja, el peso de la silla importa mucho, sobre todo si hay que subirla al auto. Las de aluminio son más livianas que las de acero.
4. Detalles que hacen la diferencia
- Apoyabrazos rebatibles: facilitan pasar de la silla a la cama o al auto de costado.
- Apoyapiés desmontables o elevables: los elevables sirven si hay que mantener la pierna estirada, por ejemplo con un yeso.
- Frenos firmes y fáciles de accionar.
¿Comprar o alquilar?
Si es por unas semanas o meses, por ejemplo después de una operación, alquilar suele convenir. Si es para siempre, conviene comprar una adaptada a la persona. Tenemos una guía específica sobre esto, y por WhatsApp te asesoramos sin compromiso.
Esta guía es orientativa. Ante cualquier duda, seguí las indicaciones de tu médico o fisioterapeuta.
